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martes, 22 de marzo de 2011

GRACIAS, ADRENALINA, Y LA JAULA DE LOS LEONES

Entrar diariamente, y sin miedo, en la jaula de los leones, que es el planeta, requiere entereza y seguridad. Requiere valor, requiere saber donde estás y como moverte. Y, sobre todo, requiere tomarse una taza interior de adrenalina – la droga más legalizada y fácil de conseguir pues la produce nuestro propio cuerpo – que nos permita estar atentos y, a la vez, sentir que tenemos detrás de nosotros todo un mundo de energía que nos permite afrontar lo que nos echen. Dicen que, en las batallas, no hay tiempo para pensar, solo para ejecutar la tarea de la supervivencia. En las guerras las enfermedades bajan y la Primavera ni se nota. Es más, se aguantan los inviernos y las heladas como si el clima fuera el de una playa tropical. ¿Hambre? ¿Qué es eso? ¿Sed? Nada, hombre, nada, se aguanta perfectamente ¿Dolor físico? Pues no hay problema: incluso con una bala a la altura del corazón te arrastras hasta el refugio más cercano. Pero no, no se trata de ese tipo de guerras: se trata de la vida, de nuestra vida diaria, con picos y valles, con conflictos interiores y exteriores. En esa vida, la adrenalina no es un peligro: es una compañera fiel que nos empuja a arrostrar los problemas como si no lo fueran, que nos dice: “Amigo, o te levantas...o te has caído con todo el equipo” Y claro, si uno no es del todo tonto, sabe que, el equipo – impedimenta se llamaba en latín al tema y aún en alguna lengua romance – termina por hundirte, por muy bien que nades, si no sabes desprenderte de él y llegar a la orilla. Esa orilla que, normalmente, a pesar del esfuerzo realizado para alcanzarla, no te permite descansar del todo. Porque en ella se asienta el circo y tu puesto no lo decides tú, sino el dueño de la carpa. Y, como se empeñe en que te toca hacer de domador…o de payaso, lo tienes claro. A hacer la función, que hay que ganarse el sustento. No queda otra.

Emilio Porta

viernes, 4 de marzo de 2011

IMAGINACIÓN Y MEMORIA

La suerte de poder imaginar es que convertimos la irrealidad en realidad. Todo lo que pasó y ha sido permanece, mezclado con lo que pasó, aunque no haya sido. Siempre he pensado que los personajes de todos los relatos y todas las novelas son tan reales o más que sus autores. Ese camino de descubrimiento de las sensaciones que discurre entre la mente y el corazón siempre tiene destinatario.

Aunque no lo conozcamos. O esté oculto en el misterio de ese universo que fue de papel y ahora es de aire. Ambos son la memoria. Y la memoria, propia o ajena, es el testimonio de todas las historias. Esas que nos permiten que la añoranza o la nostalgia sean siempre un motor, no un baúl cerrado.

jueves, 30 de diciembre de 2010

ESCEPTICISMO Y ESPERANZA

Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”

Ramón de Campoamor

La conocemos todos. Hemos crecido con ella...y la hemos convertido en una frase tópica. Y, sin embargo, es una frase fundamental para el entendimiento de la Humanidad, del mundo, para el respeto a la diversidad, a las ideas de todos. Es, junto la conocida frase de Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias” uno de los conceptos que nos deberían acompañar siempre. Y antes que a nadie a los políticos, a los proselitistas de cualquier ideología, a los detentadores de esas verdades absolutas que, según ellos, no admiten discusión. Sí, deberíamos, al acabar el año, pensar si las palabras son más importantes en las preguntas o en las respuestas. Qué bonito sería dejar de dar lecciones a los otros sobre lo que es bueno o malo, lo que hay o no hay que hacer, quien tiene o no la culpa. Estaría bien que, para el próximo año, respetáramos más y pontificáramos menos. Que escuchemos antes de hablar. Y, sobre todo, que, lo que hablemos, sea para comunicarnos de verdad e intentar aportar algo a los otros. Es un buen propósito…pese a que algunos, al nivel de ciertos deseos, nos acompañe un cierto escepticismo.

Port

(Os paso el texto completo de Campoamor)

Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré al andar
la rueda de la vida::
Pecar, cumplir la penitencia
y, luego, vuelta siempre a empezar.
En este mundo traidor…
nada es verdad, ni mentira,
todo es según el color
del cristal con que se mira.

(
Ramón de Campoamor, de su obra Humoradas)

domingo, 21 de noviembre de 2010

SINFONIA DEL NUEVO MUNDO

Estamos en el futuro, en un nuevo mundo. Y eso es lo que hay que tener en cuenta. Se acaba el tiempo de la lectura tradicional y callada, aunque no del libro. La revolución tecnológica suprimirá determinados hábitos y traerá otros. No hemos llegado ni tarde ni pronto. Simplemente el pasado siglo XX fue el de la lectura masiva en papel. Y el siglo XXI ha traído el ordenador y máquinas con múltiples posibilidades. Y con ellas, nuevas generaciones que sólo se comunicarán a partir de otras formas directas y aparentemente mágicas de relación, formas electrónicas, que sin embargo, pueden transmitir muchas otras cosas y de modo más inmediato que los soportes tradicionales. El mundo, tal y como se entendía y se conocía, se ha acabado. Y da lo mismo que te llames Brines que Lorca, Saramago ó Perez Reverte. El concepto de "fama" literaria, de los escritores como mitos, está finiquitado. Sólo una Literatura que sea mezcla y colisión, que sea múltiple en formas y contenidos, que asuma el arte, todas las artes, y los nuevos modos de expresión y comunicación, tendrá hueco. Lo demás, esos conceptos tan arraigados de posteridad y reconocimiento se quedarán en frustración de la vanidad, perdidos en el mar de los absurdos egos. Ese anclaje pretérito que creíamos necesario para ocupar un lugar que nosotros, los escritores, pensábamos que existía, es ya sólo referencia. Y ha dejado de ser importante. Ha dejado de ser realidad.

lunes, 11 de octubre de 2010

TEORÍA DEL SILENCIO

EL SONIDO DEL SILENCIO EN ORZEÁN

Todo blog es identidad primero y comunicación después. Y ambas cosas, para ser construidas, necesitan tiempo.

La reivindicación del silencio es la reivindicación del tiempo, o sea de la disponibilidad de cuerpo y alma, que supongo que son lo mismo, porque no conozco ningún caso en que ambos componentes del ser humano vivan por separado.

El silencio, comenté en otro apartado de Orzeán, es ausencia de ruido, no ausencia de palabras, ni de actitudes y conductas.

El silencio es, además, un gran compañero de la palabra escrita.

Tal y como yo lo entiendo es una continua reflexión. A veces como el agua de un lago, otras como el agua del mar.

Y también entraña acción. A veces como la arena del desierto, otras como la lava de un volcán .

El silencio es quietud, pero toda quietud es movimiento. Cuando permanecemos en un lugar, todo físico sabe que nos movemos con él. Nos movemos con el planeta por el universo. Y somos trasladados, entre las estrellas, a una velocidad de la que sorprende conocer su equivalencia.

De vez en cuando recibo algún archivo con una canción. Y algunas de esas canciones, de esa música, son el mejor ejemplo de cómo el silencio habla. Simon y Garfunkel lo sabían y llegaron a poner título a uno de sus temas con la expresión exacta de lo dicho: Los sonidos del silencio.

Yo, ahora, quiero traer aquí alguno de esos sonidos a través de otra canción universal que es para mí, la expresión pura de ese silencio, donde todo se dice, todo se cuenta. Es un tema, ya infinito, creado por John Lennon y que uno de nuestros compañeros/as de la comunidad inventada y existente de Orzeán ha colocado en su espacio.

El tema es Imagine. Y nos habla constantemente en el silencio necesario para comprender.

Escúchalo. Aunque lo hayas hecho antes mil veces. Sólo vete deteniendo en cada estrofa. Y después no lo olvides.

Todo consiste en poder sentir la respiración mientras caminas. Y hay muchas formas de andar. Incluso sin movernos.

Eso es lo que ocurre por aquí. Es lo que ocurre en este espacio hecho de sensaciones y de sueños en el que trato de ubicar la realidad.

domingo, 26 de septiembre de 2010

LA COMUNIDAD DE ORZEÁN

Resulta que Orzeán no es un lugar aislado. Sí, está entre las montañas de la mente y los ríos del corazón. Y su arquitectura es de piedra. Alrededor hay vegetación y quietud. Pero está lleno de vida. Porque, aunque sea un monasterio en el que se respetan las reglas del silencio, entre sus paredes habita una comunidad de seres humanos, hombres y mujeres, que, con sus pensamientos y actitudes, llenan de esa vida los viejos muros que contienen su espacio.
Hay un abad en Orzeán. Se llama Santiago, como el Apóstol, el que trajo a Hispania un nuevo mensaje guiado por las estrellas y se detuvo allí, en el Campus Stellae, seguramente más vacío, entonces, de viajeros y peregrinos. Es un monje tenaz y sabio, respetado y querido por el resto de los que allí habitan.
La comunidad de Orzeán pertenece a la orden benedictina, como ya sabéis por mi anterior entrada, y sigue la máxima “Ora et labora” aunando ambos conceptos en uno sólo: la escritura. Ahora me tiene a mí de transcriptor. Y de testigo de su existencia.
Un papel que conlleva una hermosa recompensa: los mensajes recibidos de dentro y de fuera de su ámbito. Ellos la recrean continuamente.

domingo, 4 de julio de 2010

ORZEÁN

“Nunca pensé que tendría que elegir entre vida personal y literatura, entre vida personal y comunicación”

Las celdas del monasterio son cálidas, porque dan calor y albergue al alma, la retienen y le dan espacio. Qué gran compañero es el silencio, qué gran compañera es la soledad. Cada mañana el sol entra callado por la pequeña ventana que da al huerto. Un huerto cuidado por los escasos monjes que aún quedan en este lugar, recóndito y perdido, de la montaña del pirineo navarro.

Mi padre siempre quiso entregarse a la vida contemplativa: “Sólo puedes encontrarte a ti mismo cuando has eliminado de tu vida el ruido, cuando puedes escuchar el silencio” El había estado rodeado toda su vida por ese ruido, ruido de voces y batallas, de normas y obligaciones, de deseos incumplidos, incluso el ruido de la vecindad, de la apariencia de amor y amistad. Murió sin haber cumplido su mayor deseo: ser monje. Sólo pudo ser soldado, al fin y al cabo como la mayoría de nosotros: soldado de la vida.

Sin embargo yo me he escapado a este lugar sin límites, a este recinto de piedra e historia, donde las aves saludan la claridad y la luna sella e ilumina la atmosfera en las noches. Me he escapado del ruido y solo escucho el rumor del aire, el rumor de una cascada penitente, del agua que discurre en caída salvando otra Caída, purificando los pecados de la Naturaleza, mayores, sin duda, que los del Hombre. Estoy en Orzeán, nombre de un monasterio que no está en los mapas. Un monasterio del Norte, escondido de las visitas de los que no buscan en su interior. Un lugar lleno de leyendas pero que se alimenta de la seguridad de la búsqueda, que se edifica con los sueños y las esperanzas. Cualquiera diría que es un lugar de huida. Y sí, lo es. Un lugar donde nada ni nadie llega. Sólo aquello y aquellos que llevas en la memoria, lo que permanece en la difusa y concreta memoria de los recuerdos.

Orzeán es un lugar donde la temperatura es siempre la deseada. Hay, cada mañana, una ligera brisa que acompaña al sol. Y, cada tarde, una ligera llovizna que se desprende de las nubes. El clima cambia según lo miras, según lo vas haciendo tuyo, según te pertenece. No se como he llegado hasta aquí...¿Me dejó caer un pájaro en un sueño? ¿Me aferré a su existencia cuando estaba a punto de dormir en la Nada? Orzeán es un lugar donde nada se explica, nada se recurre ni se lamenta. Quizás es la antesala del Paraíso, o es el Paraíso mismo. Dicen las inscripciones del Libro de Horas que es lugar de irás, mas del que nunca regresas. Pero mi mente es fuerte y se que podré volver al camino anterior con sólo desearlo. Aunque el deseo sea una batiente contra la que hay que probar las intenciones. Tendré que volver, sin duda, tendré que volver. Salir de mi pequeña celda luminosa, de las estrechas pero amplias paredes de mi celda, para regresar al mundo. Sólo porque desearé comunicar estos escritos para que no habiten únicamente en ese interior que ahora mezclo y difumino con el exterior.

En Orzeán no hay luz eléctrica y estas notas y reflexiones necesitarán el archivo de la permanencia, la frágil permanencia de una carpeta de ordenador. Permanencia, qué extraña palabra para quien está de paso. Qué extraño anhelo de una Humanidad que se va, que se está yendo siempre, que jamás se queda. Y que jamás se quedó, pues la conciencia - la consciencia - es nuestra única seña de identidad y se pierde en la disolución y el vacío cuando abandonamos - o nos abandona - la existencia. No, se que no me quedaré siempre en Orzeán pues llegaría a perder la razón, como le ocurrió a Wittgesntein cuando se aisló del mundo.

En un arco a la entrada al monasterio hay una frase grabada en la piedra: “Ora et labora”. Ora es el pensamiento, labora es la escritura. Yo ahora sigo esta máxima de Orzeán, la regla de la orden de San Benito que levantó sus muros: trabajo y rezo. No a ningún dios, sino al misterio y la esperanza. Y trato de alejar la amargura de la incomprensión y las sombras que, fuera de aquí, consumen nuestras vidas.