Invisible.
De aire macizo.
Cierra bien.
Que no escape.
La libertad
no es suya.
Página de creación literaria del escritor Emilio Porta.
Entrar diariamente, y sin miedo, en la jaula de los leones, que es el planeta, requiere entereza y seguridad. Requiere valor, requiere saber donde estás y como moverte. Y, sobre todo, requiere tomarse una taza interior de adrenalina – la droga más legalizada y fácil de conseguir pues la produce nuestro propio cuerpo – que nos permita estar atentos y, a la vez, sentir que tenemos detrás de nosotros todo un mundo de energía que nos permite afrontar lo que nos echen. Dicen que, en las batallas, no hay tiempo para pensar, solo para ejecutar la tarea de la supervivencia. En las guerras las enfermedades bajan y la Primavera ni se nota. Es más, se aguantan los inviernos y las heladas como si el clima fuera el de una playa tropical. ¿Hambre? ¿Qué es eso? ¿Sed? Nada, hombre, nada, se aguanta perfectamente ¿Dolor físico? Pues no hay problema: incluso con una bala a la altura del corazón te arrastras hasta el refugio más cercano. Pero no, no se trata de ese tipo de guerras: se trata de la vida, de nuestra vida diaria, con picos y valles, con conflictos interiores y exteriores. En esa vida, la adrenalina no es un peligro: es una compañera fiel que nos empuja a arrostrar los problemas como si no lo fueran, que nos dice: “Amigo, o te levantas...o te has caído con todo el equipo” Y claro, si uno no es del todo tonto, sabe que, el equipo – impedimenta se llamaba en latín al tema y aún en alguna lengua romance – termina por hundirte, por muy bien que nades, si no sabes desprenderte de él y llegar a la orilla. Esa orilla que, normalmente, a pesar del esfuerzo realizado para alcanzarla, no te permite descansar del todo. Porque en ella se asienta el circo y tu puesto no lo decides tú, sino el dueño de la carpa. Y, como se empeñe en que te toca hacer de domador…o de payaso, lo tienes claro. A hacer la función, que hay que ganarse el sustento. No queda otra.
Emilio Porta
La suerte de poder imaginar es que convertimos la irrealidad en realidad. Todo lo que pasó y ha sido permanece, mezclado con lo que pasó, aunque no haya sido. Siempre he pensado que los personajes de todos los relatos y todas las novelas son tan reales o más que sus autores. Ese camino de descubrimiento de las sensaciones que discurre entre la mente y el corazón siempre tiene destinatario.
Aunque no lo conozcamos. O esté oculto en el misterio de ese universo que fue de papel y ahora es de aire. Ambos son la memoria. Y la memoria, propia o ajena, es el testimonio de todas las historias. Esas que nos permiten que la añoranza o la nostalgia sean siempre un motor, no un baúl cerrado.
“Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”
Ramón de Campoamor
La conocemos todos. Hemos crecido con ella...y la hemos convertido en una frase tópica. Y, sin embargo, es una frase fundamental para el entendimiento de la Humanidad, del mundo, para el respeto a la diversidad, a las ideas de todos. Es, junto la conocida frase de Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias” uno de los conceptos que nos deberían acompañar siempre. Y antes que a nadie a los políticos, a los proselitistas de cualquier ideología, a los detentadores de esas verdades absolutas que, según ellos, no admiten discusión. Sí, deberíamos, al acabar el año, pensar si las palabras son más importantes en las preguntas o en las respuestas. Qué bonito sería dejar de dar lecciones a los otros sobre lo que es bueno o malo, lo que hay o no hay que hacer, quien tiene o no la culpa. Estaría bien que, para el próximo año, respetáramos más y pontificáramos menos. Que escuchemos antes de hablar. Y, sobre todo, que, lo que hablemos, sea para comunicarnos de verdad e intentar aportar algo a los otros. Es un buen propósito…pese a que algunos, al nivel de ciertos deseos, nos acompañe un cierto escepticismo.
Port
(Os paso el texto completo de Campoamor)
Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré al andar
la rueda de la vida::
Pecar, cumplir la penitencia
y, luego, vuelta siempre a empezar.
En este mundo traidor…
nada es verdad, ni mentira,
todo es según el color
del cristal con que se mira.
(Ramón de Campoamor, de su obra Humoradas)
Estamos en el futuro, en un nuevo mundo. Y eso es lo que hay que tener en cuenta. Se acaba el tiempo de la lectura tradicional y callada, aunque no del libro. La revolución tecnológica suprimirá determinados hábitos y traerá otros. No hemos llegado ni tarde ni pronto. Simplemente el pasado siglo XX fue el de la lectura masiva en papel. Y el siglo XXI ha traído el ordenador y máquinas con múltiples posibilidades. Y con ellas, nuevas generaciones que sólo se comunicarán a partir de otras formas directas y aparentemente mágicas de relación, formas electrónicas, que sin embargo, pueden transmitir muchas otras cosas y de modo más inmediato que los soportes tradicionales. El mundo, tal y como se entendía y se conocía, se ha acabado. Y da lo mismo que te llames Brines que Lorca, Saramago ó Perez Reverte. El concepto de "fama" literaria, de los escritores como mitos, está finiquitado. Sólo una Literatura que sea mezcla y colisión, que sea múltiple en formas y contenidos, que asuma el arte, todas las artes, y los nuevos modos de expresión y comunicación, tendrá hueco. Lo demás, esos conceptos tan arraigados de posteridad y reconocimiento se quedarán en frustración de la vanidad, perdidos en el mar de los absurdos egos. Ese anclaje pretérito que creíamos necesario para ocupar un lugar que nosotros, los escritores, pensábamos que existía, es ya sólo referencia. Y ha dejado de ser importante. Ha dejado de ser realidad.
EL SONIDO DEL SILENCIO EN ORZEÁN
Todo blog es identidad primero y comunicación después. Y ambas cosas, para ser construidas, necesitan tiempo.
La reivindicación del silencio es la reivindicación del tiempo, o sea de la disponibilidad de cuerpo y alma, que supongo que son lo mismo, porque no conozco ningún caso en que ambos componentes del ser humano vivan por separado.
De vez en cuando recibo algún archivo con una canción. Y algunas de esas canciones, de esa música, son el mejor ejemplo de cómo el silencio habla. Simon y Garfunkel lo sabían y llegaron a poner título a uno de sus temas con la expresión exacta de lo dicho: Los sonidos del silencio.