miércoles, 22 de mayo de 2013
PENSAR
Pensar, decía un conocido filósofo de nuestro tiempo, es importante para vivir. No especular, no pensar sobre lo insondable, aquello que no nos es dado poder resolver. Pero sí pensar en lo que tenemos y en lo que no tenemos, en cómo se hace el camino, cual es el nuestro, cómo podemos movernos sin dejar de respirar, cómo contribuir a que el planeta se mueva con justicia, paz y armonía, sin que nos arrolle en sus giros, cómo respetar a los otros y que los otros nos respeten, cómo convivir y, a la vez, no dejar que las costumbres o los comportamientos sociales nos aneguen. Pensar para vivir. Para ser. Para poder ser. Analizar para elegir nuestro espacio y conservarlo. Esa habitación propia exterior e interior, tan necesaria - aunque sea pequeña - para desarrollar la existencia en libertad, sin olvidar ( no hay que llegar a la anulación, pues todo entonces sería inútil ) la solidaridad. Pensar es plantearse qué sí y qué no. Pensar es, una vez que, irremediablemente, estamos dentro de la vorágine del mundo, qué nos vale de él y qué nos sobra.
domingo, 31 de marzo de 2013
LA ÚLTIMA LUZ
Un viento helado sostiene el muro de la incertidumbre.
El frío mantiene y dicta un tiempo de silencio.
No existe ya el paisaje. Solo las marcas ausentes
de la vida. El paisaje grita, pero nadie le escucha.
Una capa de nieve, más amplía que la atmósfera,
cubre al guerrero derrotado. El escudo, metálico,
protege lo que queda debajo de sus sueños.
Aún late el corazón, aunque despacio.
Lentamente los ojos miran al horizonte.
Una pequeña luz, al borde del océano,
intermitente, avisa de que no todo está perdido.
Es la palabra callada del agua, el faro de los peregrinos,
que señala una línea infinita hacia el lugar
donde encontrar respuesta a lo perdido.
Un viento helado sostiene el muro de la incertidumbre.
El frío mantiene y dicta un tiempo de silencio.
No existe ya el paisaje. Solo las marcas ausentes
de la vida. El paisaje grita, pero nadie le escucha.
Una capa de nieve, más amplía que la atmósfera,
cubre al guerrero derrotado. El escudo, metálico,
protege lo que queda debajo de sus sueños.
Aún late el corazón, aunque despacio.
Lentamente los ojos miran al horizonte.
Una pequeña luz, al borde del océano,
intermitente, avisa de que no todo está perdido.
Es la palabra callada del agua, el faro de los peregrinos,
que señala una línea infinita hacia el lugar
donde encontrar respuesta a lo perdido.
domingo, 27 de enero de 2013
"En los millones de años de la vida - la eternidad - que a unos les queden dos vueltas del camino o dieciséis es completamente irrelevante. Lo único que importa es ser conscientes de cuales son las vueltas que nos convierten en seres infinitos y cuales no. Infinito no en el término de duración, sino de intensidad" (David Nihalat )
lunes, 7 de enero de 2013
DÍAS DE NIEBLA
Hay días que se resisten a salir de la nebulosa primera y entrar
en nosotros.
No es por nosotros, es por la nebulosa.
A esos días hay que mirarlos de frente, pero poco a poco.
No jugar con sus sombras, sino esperar a que las sombras se
despejen.
Que la niebla de la extrañeza levante.
Que el frío se deshaga.
Que el calor interior sea más fuerte que la helada sensación de
la nada.
Uno de esos días era hoy.
Pero poco a poco he ido entrando en los otros significados.
Los puentes en que se posan los pájaros en la cabeza y luego nos
permiten volar.
jueves, 20 de diciembre de 2012
OTRA PÁGINA DE DIARIO DESPERTAR
No es fácil, tras el tiempo de plomo circulando, regresar a los bordes de la luz. Saber que, aunque es tan corta, la extraña cita a ciegas con la vida tiene brillos de intensa eternidad. Son cosas que solo los que alcanzan los lugares que no están en los mapas pueden contar.
lunes, 1 de octubre de 2012
MALETA DE TIEMPO
Desde niño había visto, en el andén de la estación del lugar donde vivía con mi familia, a los viajeros arrastrando pesadas maletas antes de subir al tren. Yo pensaba que llevaban dentro muchas cosas de la vida, pues si no era imposible que pesaran tanto. Recuerdo que, en una ocasión en que fuimos a despedir a mi tío Luis, que se marchaba a trabajar a la ciudad, vi como casi se cae al intentar subir su maleta al vagón.
- Como pesa, Fernando, cómo pesa....
- Ya, Luis, es el tiempo, lo que llevamos vivido, que empieza a pesar... pero no pierdas el equilibrio, hermano, que tu siempre has sabido muy bien donde estaba el centro de gravedad de la vida, dijo mi padre riendo.
Mi tio Luis sonrió ante las palabras de mi padre y terminó de subir al tren, diciéndonos adiós con la mano, una vez que el pesado fardo se asentó en la plataforma. Yo también sonreí, aunque era la primera vez que escuchaba decir eso: "centro de gravedad". Pensé que era algo importante que, con los años, yo también conocería.
Sin embargo, mientras volvíamos a casa en el viejo Ford Balilla heredado del abuelo, que había arrumbado en el garage a nuestra antigua moto con sidecar, recordé el consejo que nos había dado la maestra en la escuela de preguntar siempre lo que no sabemos y le espeté a mi padre:
- Papá, ¿qué es el centro de gravedad de la vida?
Mi padre sonrió de nuevo, esta vez ampliamente, y, mirando mis seis años con comprensión y una indisimulada dosis de ternura, me dijo: " Es lo más permanente que tenemos, lo que hace que todo se mantenga. El centro de gravedad es el lugar del equilibrio"
Sin duda mi padre era un hombre culto y sabio. Yo volví a sonreír y él continuó conduciendo. Pero me dí cuenta de que la vida era algo muy complejo y que yo no sabía nada de ella, que tenía muchas cosas aún por descubrir, pues, a decir verdad, tampoco entendí muy bien lo que significaba equilibrio. Quizás algo relativo al circo, a los que se movían en la pista o sobre los trapecios, pero ya no me atreví a preguntar nada más.
Ahora, pasados los años he conseguido entender las palabras de mi padre.
Y también, también he comprendido, cual es el centro de gravedad de la vida y por qué pesaba tanto la maleta de mi tío Luis.
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